¡10 años del Proyecto Karibu Sana! Hace pocos días caí en la cuenta de esta pequeña efeméride.
Cuento su inicio en el libro Cien pares de zapatos. Lo motivó el encuentro con un niño que me pidió de comer un viernes por la tarde, cuando yo salía a tratar de dar un paseo por Nairobi. De ahí nació una relación con él, Víctor, que me abrió las puertas de su familia y de sus amigos. Y que me hizo reflexionar sobre algo a lo que sigo dando vueltas:
Yo no puedo hacer nada contra ‘la pobreza’, un monstruo inabarcable, pero sí podría conseguir de modo inmediato que este niño estuviera en clase y no pidiendo por la calle.

Ése fue el punto de partida: Víctor, sus hermanos y hermanas, su amigo Fidel y sus hermanos y hermanas… En una semana tenía 14 niños a los que llevar al colegio por 20€ al mes cada uno. No fue más que el arranque. Hoy son más de 450, y ya hay muchos que han terminado su periplo educativo y que viven su vida.
Víctor me escribe semanalmente a través de WhatsApp. Está más que contento, ¡orgulloso! Su vida no ha sido fácil: sus padres son bastante caóticos, han pasado mucha hambre, él no estaba habituado a estudiar y sus notas no fueron brillantes, el embarazo adolescente de una hermana, hacinados en una sola habitación siete personas, …, todo lo que la pobreza extrema puede llevar consigo.
Sin embargo, él ha salido adelante: tras bastantes titubeos, ya lleva varios meses trabajando en una empresa de instalación de aire acondicionado.
Me escribía el pasado 9 de noviembre:
Estoy trabajando y ganando dinero para poder pagarme un curso de formación (una FP). El trabajo durará tiempo pues es en una empresa seria, pero tengo un plan en la recámara: ir ahorrando para empezar mi propio negocio. Eso es parte de mi sueño, ser mi propio jefe y hacer que las cosas funcionen. Estoy contento porque soy quien lleva el pan a casa y muy pronto tendrá lugar un gran cambio a mejor.
Victor está contento porque se ha dado cuenta de que, a pesar de ser extremadamente pobre, puede salir adelante con su propio esfuerzo, no depende de nuestra ayuda para lograrlo, no necesita ser dependiente.

Esto es una idea clave en nuestro modo de entender la cooperación: ayudar sin crear dependencia. Por esto, a todos los padres, y a todos los chicos que cumplen 18 años, les pedimos que colaboren con nosotros en su propio proyecto (los padres pagan un trimestre del colegio, los jóvenes nos presentan un proyecto de lo que quieren estudiar y nos dicen cúanto dinero van a poner ellos y cómo lo van a ganar). Queremos que tengan claro que la pobreza no les hace menos valiosos. Y nos está funcionando.
¡10 años del Proyecto Karibu Sana! ¡Gracias por formar parte de esta aventura!


