Hemos comprado las camas, colchones, menaje…, de Dorothea Centre, que servirá para rescatar niñas de la calle. Tienen 40 plazas.
La monja que se encarga, Sister Carol, nos ha sugerido que nos encargamos también de los paneles solares que les darán energía. Ni cortos ni perezosos, Gabriel y Dafne, dos socios de Karibu Sana, han organizado un campeonato de pádel en Rivas Vaciamadrid. No sé si serás campeón de ese deporte casi de raqueta, pero la iniciativa es fantástica.
¡Buena semana!
Javier
P.D: Gracias a los patrocinadores del evento: Blue Padel Rivas, IB Wellness, Bon Lar, Padelzoom, Cofincas, IEPP, Ortecar y External Solutio
Quería compartir con vosotros algunos datos. Aviso: son fantásticos.
Examen KPCE
Primero: en Kenia han hecho un examen nacional llamado KCPE (Kenya Certificate of Primary Education). Es el que se hace para pasar de Primaria a Secundaria, que se hace entre 8º de Primaria (equivalente a 2º de la ESO) y 1º de Secundaria (3º de la ESO). Es un momento en el que muchos alumnos, especialmente de las escuelas y entornos más desfavorecidos, abandonan la educación: la Secundaria no es obligatoria, es más cara que la Primaria, y no siempre hay sitio para todos. Algunos niños se ponen a trabajar, muchos empiezan a no hacer nada. En el caso de nuestros niños y niñas la información es muy esperanzadora.
Unas esforzadas alumnas
La prueba es sobre 500 puntos. Esto es orientativo pues los mejores alumnos del país suelen llegar ligeramente por encima de 400. De hecho, se considera que cualquier nota por encima de 300 es realmente buena, y asegura una plaza en secundaria.
Nuestros niños tienen orígenes muy desfavorecidos. Algunos han sido rescatados de la calle, perdiendo a veces más de un año escolar en un ambiente muy peligroso que incluye violencia, abusos y drogas. El resto vienen de familias muy pobres, con frecuencia desestructuradas, incapaces de conseguir los 15 o 20 euros que cuesta la escuela al mes. Además no suelen tener acceso a libros y en sus casas de una sola habitación es muy difícil estudiar. Lo que más hemos notado es que cuando le facilitas los estudios de forma continuada durante años (con algunos ya llevamos cuatro) los resultados dan un vuelco espectacular, y muchos de ellos alcanzan un nivel más que notable. Creo que eso hace ver de un modo muy objetivo la eficacia de un proyecto educativo como Karibu Sana, en el que no se sustituye el esfuerzo de los alumnos, pero se les facilita una educación sin estrés que les abre puertas a un futuro mejor y les permite tener una infancia más feliz y segura.
Os pongo los datos de algunos, también para que veáis la riqueza de los nombres de estos niños:
Kevin R ha sido el primero de su colegio, con 387 puntos. Lucy W obtuvo 333, aunque como es muy responsable quería más.
El momento de la verdad
Los resultados de los chicos de Kwetu Home of Peace (todos ellos antiguos niños de la calle) han sido: Teddy M, 363; Dickens O, 353; Samuel N, 347; Brian N, 344; Beberlyne H., 322; James W., 315; Joseph K., 309. James K., 306; Alphonse M, 305. El único al que no le ha ido bien es Harrison A., con 198. Detrás de todos estos resultados hay un esfuerzo brutal de superación de circunstancias adversas que nos son inimaginables.
En el colegio Desert Streams of Kibera, que cuidamos especialmente dando un fondo de becas equivalente a 80 estudiantes, se han presentado 23 candidatos. De ellos, 17 han sacado notas por encima de 255 puntos (la más alta ha sido de 355). Los otros 6 andan entre los 240 y los 225. Son también resultados excelentes y, en algunos casos que conozco de forma personal, extremadamente meritorios.
Donantes del Proyecto Karibu Sana
Por nuestro lado, en España, el Proyecto Karibu Sana no para de crecer. Comparto estos datos:
En un proyecto educativo la clave son los donantes recurrentes: personas que se comprometen a donar una cantidad, casi siempre pequeña, a lo largo del tiempo, sabiendo que la educación de un niño lleva años. La progresión en 2020 y en 2021 ha sido espectacular. Se relaciona por un lado con las campañas en las redes sociales de dos de nuestros socios (Miguel Camarena y el Instituto Europeo de Psicología Positiva); por otro, con la oportunidad que tuvo Javier Aranguren de aparecer en el programa ‘Últimas preguntas’ de La 2 de RTVE explicando el proyecto. Estas son las cifras:
En 2019 éramos 88 donantes recurrentes;
En 2020 éramos 153 donantes recurrentes;
En 2021 ya somos 217 donantes recurrentes, y seguiremos aumentando.
De forma similar, hemos pasado de 39 donantes puntuales en 2019 a 121 donantes puntuales en 2020. Y en lo que llevamos de 2021, los primeros cuatro meses, ya hemos tenido 97 donantes de este tipo: ¡es un crecimiento asombroso!
Javier Aranguren en plan televisivo
Fondos del Proyecto Karibu Sana
Durante 2020 se cerraron los colegios de Kenia por el covid-19. Eso significó que no pudimos mandar dinero para pagar el último semestre y acumulamos en ‘caja’. Terminó el año con un saldo de 158.945’19 euros.
En lo que llevamos de 2021,cuatro meses, hemos tenido unos ingresos de 60.659’50 euros.
En lo que llevamos de 2021 los gastos bancarios han sido de 1.003’59 euros; los gastos indirectos (colaboración del 7% con la Fundación Promoción Social de la Cultura por su gestión impagable) han sido de 4.246’17 euros. Hemos enviado a Kenia para pagar los colegios y otros proyectos un total de 73.331’88 euros. Eso significa que tenemos un saldo a nuestro favor de 141.023’01 euros.
Con ese dinero tendremos que pagar los dos semestres escolares que quedan por delante para nuestros 393 niños beneficiarios directos. También vamos a equipar un centro de acogida de niñas de la calle (Dorothea Centre) al que dedicaremos 7.000 euros por este concepto y 7.000 euros más para dotarles de paneles solares con los que conseguir energía. Tenemos también en marcha la ampliación de un dispensario médico en la sede de Ruai de Kwetu Home of Peace.
El año próximo, 2022,llegarán a la universidad o a escuelas de formación profesional superior nuestros primeros beneficiarios. Espero que podamos seguir ayudándoles, ya cambiando alguna condición (parte beca, parte préstamo) para que también ellos, mayores de edad, asuman compromisos. De todos modos, lo conseguido hasta el momento ya es asombroso.
Y por eso los niños, y todos los que hacemos Karibu Sana, os damos las gracias.
Sister Carol dirigió durante unos años Kwetu Home of Peace, la iniciativa de las Sisters de María Inmaculada de Eldoret en la que rescatan niños de la calle y que tanto bien hace. El año pasado le pidieron que fuera a Kitengela, una pequeña ciudad a treinta kilómetros de Nairobi. Allí, con otras monjas, tenía el encargo de tratar de poner en marcha algo muy ilusionante: Dorothea Rescue Centre, una iniciativa similar a Kwetu, esta vez dirigida a niñas que vivirán en la calle.
Dorothea rescue Centre: ahora casi está terminado
Imaginaos: vivir en la calle, a los siete, diez, catorce años, refugiado bajo un puente o en una cañería, drogándose, comiendo de las basuras, sufriendo abusos de chicos más mayores o violencia en manos de algunos policías. Imaginaos el miedo, y el desastre en el desarrollo de la personalidad y de la educación.
Ahora la misma idea, pero siendo niñas: es verdad que son menos, pero son mucho más vulnerables.
Animamos a Sister Carol con su proyecto pero, en nuestro empeño por no generar ningún tipo de dependencia con Karibu Sana, le dijimos que no le podíamos ayudar económicamente a la construcción: mucho dinero, no era nuestra finalidad, tenía que encontrar otros donantes.
Lo ha hecho. Terminada la construcción del edificio, nos escribió para preguntar si podríamos ayudar a amueblar los dormitorios: literas (20), colchones (40), sábanas (80), toallas (80), zapatillas (20)… Le contesté a vuelta de correo que sí, pero que no le ayudaríamos, sino que pagaríamos todo. En total, 7.700 euros.
Les hemos pedido que añadan juegos y muñecas
¿Cómo podríamos pagarlo? Con la generosidad de los donantes de Karibu Sana. Este proyecto, tan específico, era perfecto para pedírselo a una persona concreta (llamémosla ‘Gonzalo’, que no es su nombre), empresario brillante, y con una conciencia social que a mí me da envidia. Tomamos un café, realicé la exposición de motivos, y aceptó encantado. Así podremos aplicar el resto de nuestros ingresos a matrículas de colegios, y colaborar con Sister Carol y sus hermanas a rescatar a estas niñas.
Las aventuras comienzan pequeñas, pero crecen y crecen hasta hacer cosas grandes.
Con una pequeña ayuda mensual se pueden hacer milagros.
24 niños de Eldoret
Primero escribe Sister Lucy. Es una monja que vive en Eldoret (a 250 kilómetros de Nairobi) y que atiende a un grupo de 18 niñas y niños paupérrimos. Pertenece a la misma orden que las Sisters que atienden a los niños de la calle en Kwetu, y nos escribió en 2020 pidiendo ayuda. Nos dice:
«Querido Javier, nuestro espónsor, ¿cómo estás? Te tenemos siempre en nuestras oraciones. Los niños se encuentran bien y todos están yendo al colegio con éxito. Es la primera vez en sus vidas en la que nuestros niños terminaran un trimestre de clases sin que les manden a casa por falta de pago de los costes de la matrícula. Nos faltan las palabras para daros las gracias. Ojalá Dios, que ve lo que se hace en lo escondido, os recompense abundantemente, y a ti te dé fuerzas y buena salud. Rezo para que un día Dios te permita venir a visitarnos y que veas cómo habéis llenado de sonrisas las caras de estos niños tan necesitados. He experimentado impresionantes mejoras en su rendimiento escolar. Al final de mes cerrarán los colegios en Kenia por final de trimestre y os haré llegar sus calificaciones a través de Michael Babu».
Primera vez en sus vidas que van a clase sin la angustia de que les echen…, ¡ahí lo dejo! Eso es lo que significa que, a través de Karibu Sana, estamos haciendo milagros.
¡Cómo han crecido! ¡Qué contentos están de ir a clase!
69 niños desde Kwetu
Nos envían fotos y datos desde Kwetu. El año pasado se cerraron los colegios en marzo. Era u grandísimo reto para estos chicos. El motivo de que les llevemos a internados es que las familias de casi todos ellos son un desastre: el 70% de los que eran rescatados por Kwetu volvían a la calle a los dos meses de haber regresado a casa. Nos encargamos de 69. Teníamos preocupación por saber cuántos habríamos perdido en los últimos 9 meses. Respuesta del informe: ¡ninguno!
Se han reincorporado al colegio 64. Los 5 que faltan están haciendo formación profesional, con la excepción de uno que está ya en la universidad. Y eso que los padres de dos de las familias fueron detenidos durante ese tiempo por problemas relacionados con las drogas. Esto es otro milagro. Me envían fotos de los chicos: yo les conocí con 12 o 13 años. Ahora tienen 16 o 17, y están gigantes. Y felices. Y tienen al alcance de la mano una grandísima oportunidad gracias a vosotros.
Antes de entrar en clase
En otro orden de cosas, han sufrido lluvias torrenciales. Han afectado a la granja que tratamos de que les ayude a ganar independencia económica en el proyecto de rescate de niños de la calle. Los destrozos son grandes, pero no cejan: buscarán ayuda para reparar lo roto. Y la venta de leche produce ingresos.
También me informan del fallecimiento de Sister Ángela, que era la directora de Kwetu cuando empecé a conocerles. Una mujer muy buena, de carácter, que entregó su vida por los más necesitados. ¡En gloria esté!
Los plátanos se han roto
¡Y los invernaderos!
Por último, Sister Jane Rose me informa de que acaban de rescatar a 18 niños más: una nueva promoción que comienza un camino de esperanza que va a durar muchos años
Y Victor
Por último, me llega un mensaje de Víctor, el primer beneficiario del Proyecto Karibu Sana. Esta interno en un colegio. Ha convencido a una profesora para que me envíe fotos de los mensajes que él redacta en un papel. Pongo en cursiva sus expresiones en castellano:
«Querido padre,
Qué tal? Te quería comentar que acabo de terminar mis exámenes. Y quería que me envíes palabras en español y su significado. Escribe todas las que puedas.
Te queiro. Gracias por todo. Adio’s.
Tu querido nino.
Victor»
¡Asombroso Victor!
Y es que, con una pequeña ayuda mensual se pueden hacer milagros.
Os agradecería mucho su difusión: un poco de televisión, viendo la cara del que habla, concentrando los contenidos…, es un empuje impresionante para el Proyecto. Y eso es muy importante porque detrás de cada empujón hay niños y niñas que tendrán educación.
Con vuestra ayuda (económica, en oraciones, hablando de nosotros, comprando Cien pares de zapatos) vamos consiguiendo que muchos niños tenga su Navidad todo el año: porque se saben queridos, porque son conscientes de que importan, porque consiguen la seguridad que da una educación, porque van ‘creciendo en sabiduría, estatura y gracia ante Dios y ante los hombres».
¡Bailad con ellos, reíd con ellos, dad con ellos…, y sed felices como conseguís que lo sean ellos!
Hace unas semanas salí en un programa de RTVE («Últimas preguntas», en La 2) hablando de mi experiencia con el coronavirus. Fue una entrevista larga, en la que hablé de mi enfermedad. Al final, sin yo esperarlo, la entrevistadora me preguntaba cómo se podía conseguir un texto en el que yo narraba mi experiencia. Se me ocurrió sobre la marcha sugerir que quien quisiera mi relato me escribiera a través del correo electrónico que se indica en la web de Karibu Sana. ¡Me han escrito unas 450 personas diferentes! Y eso significa, en relación con nuestro proyecto, que todas esas personas han visitado la web, que para todas era una iniciativa nueva, que a muchos de esos visitantes le ha encantado la iniciativa, y que un buen número de ellos se ha decidido a echarnos una mano de forma puntual o de forma recurrente.
En Kenia se preparan para volver a clase tras largos meses de parada por el covid. Cerraron los colegios en marzo, abrirán de nuevo el 4 de enero. Algunos alumnos (los de 8º y los del último año de instituto) llevan en clase desde noviembre, pues preparan sus exámenes para pasar de un ciclo a otro (la selectividad keniana). Eso suele generar muchos nervios, porque son exámenes difíciles. En concreto, en las universidades públicas hay 70.000 plazas y terminan el colegio unos 500.000 estudiantes. Y compiten con los candidatos de colegios con recursos, o con los que tienen un lugar adecuado para estudiar, etc. Aún así, la ilusión de estos chicos es impresionante. A veces hablo con algunos y algunas por WhatsApp y me cuentan con orgullo de sus esfuerzos.
Me escribió Sister Lucy. Es una monja de Eldoret (otra ciudad de Kenia) que cuida de niños y niñas en una situación de miseria desgarradora. Llevan desde octubre de 2020 comiendo gracias a nosotros, y en enero se incorporan al colegio. Me mandó carta de todos ellos. En total, 22.
La carta de Bernard
El libro ‘Cien pares de zapatos’ va viento en popa. En breve saldrá la segunda parte de mi entrevista en La 2, dedicada al libro y a Karibu Sana. Lo he presentado en la Universidad francisco de Vitoria y, en la medida en que la pandemia nos deje, lo iré presentando en más lugares: prometo avisar.
Un fuerte abrazo de parte de nuestros 327 niñas y niños ilusionados por aprender.
La crisis del Covid-19 ni está resultando sencilla ni breve. Lo que para nosotros ya es un esfuerzo y una contradicción, en un país como Kenia es un problema muy serio. Necesitan un factor de suerte (Luck) y nuestros beneficiarios no dudan de que esta les ha llegado por nosotros.
La situación
Imaginaos una vida en la que el ahorro es imposible, donde se pretende que te confines en una chabola de 10 metros cuadrados que compartes con seis personas, en la que la economía se ha paralizado y hay serias dificultades para hacer una comida al día.
Imaginaos un país que cerró los colegios en marzo (el curso empieza en enero) y no tiene posibilidad de aprendizaje on-line y el ministerio ha decidido retomar la educación en enero, suponiendo eso que todos los niños van a repetir curso en 2021.
«¿Cuándo podré volver a clase, estar segura?», pregunta Diana.
Un lugar en el que muchos niños usaban el internado como refugio ante el caos y la pobreza familiar y estando este cerrado están en riesgo de volver a vivir en la calle. En el que hablas con una adolescente de 15 años y te comparte sus ganas de estudiar y su miedo a quedarse embarazada por el peligroso ambiente propio de los ‘slums’ o barrios de chabolas.
¿Qué estamos haciendo desde Karibu Sana?
Hemos recibido una carta de agradecimiento de Destiny Junior, un colegio del slum de Mathare (podéis saber de las condiciones de este sitio en un reportaje de El País que encontraréis aquí) al que financiamos el alquiler del local durante los meses de pandemia, pues están sin ingreso alguno. En ese slum han cerrado 30 colegios, así como 26 en el slum de Huruma, y muchos más en todos estos asentamientos informales, dejando en la calle cada uno de ellos a más de 200 alumnos. En Destiny Junior financiamos a 60 chicos y chicas y no podíamos dejarles sin escuela.
Carta de agradecimiento de Destiny Junior
Lo mismo tratamos de hacer con Desert Streams y con Transform School en Kibera, dos colegios con los que llevamos años de relación, que lo hacen muy bien para los medios que tienen, y a los que estamos apoyando para que puedan pagar algún sueldo a los profesores en estos tiempos en los que no tienen ingresos porque no tienen alumnos..
Hemos recibido casi 12.000€ del Banco de Sabadell. Con ellos, y 9.000 más que ponemos desde Karibu Sana (una persona donó específicamente para este fin), emprendemos la ampliación de un dispensario médico que atienden en Kwetu Home of Peace (las monjas que rescatan niños de la calle) en Ruai, una zona rural cercana a Nairobi. Con la ampliación podrán atender a embarazadas, partos y pediatría de las familias locales, para las que es tan complicado asistir a un hospital. Eso permitirá aumentar los ingresos (y la auto sostenibilidad) de Kwetu.
Hemos aceptado a 27 nuevos candidatos a becas escolares. Con eso ya tenemos 324, lo que supondrá en 2021 un coste de unos 85.000€ que saldrán de la generosidad de tantos.
A MJ, que solo habla kswahili, le encanta poner caras
Mientras, son varios los niños y familias que me escriben con frecuencia, casi siempre a través de WhatsApp. Siempre es conmovedor ver su alegría y la enorme ilusión que ponen cada día por aprovechar la oportunidad que han recibido. Así me lo dice casi a diario Víctor, el primero, ya con 17 años y casi 5 de ellos bajo el paraguas de Karibu Sana. «Está siendo un camino largo, y yo todavía me encuentro en la senda hacia el éxito. Un ganador es alguien que sueña y que no se rinde», dice el sentencioso muchacho. Lucky boy!, Lucky Luke!
Y un regalo
Una última noticia: me escribía el otro día una persona para contarme que su hija, que hará la Primera Comunión en septiembre, había decidido pedir como regalo dinero para Karibu Sana. Un año más se produce este milagro de generosidad.
Hacía tiempo que no escribía. He tenido una buena excusa: enfermé de Covid 19 a primeros de marzo. Y me ocurrió justo tras mi 6ª quimioterapia, es decir, cuando me encontraba sin ningún tipo de defensa en mi cuerpo. Como consecuencia, tuve que ingresar de urgencia en el hospital, pasé 36 días en la UCI (los primeros quince intubado, sedado y en peligro eminente de morir) y 9 más en la planta normal de habitaciones.Gracias a Dios lo acabé superando y desde el 24 de abril estoy recuperándome en casa. Eso sí, he retomado el tratamiento de mi tumor (interrumpido durante esa enfermedad), y ahora estoy con radioterapia y a la espera de cirugía. Pero todo va a ir muy bien.
Durante este largo periodo de confinamiento Karibu Sana ha seguido en marcha. Primero es necesario agradeceros a todos los donantes vuestra fidelidad con estos niños: nadie se ha dado de baja. Al contrario, ha crecido el número de donaciones recurrentes. Eso, unido a un par de convocatorias de ayudas que nos han concedido, se traduce en más oportunidades de servir a niños necesitados.
¡330 niños y niñas en el colegio!
En Kenia están también confinados. Los colegios han cerrado hasta septiembre. Aunque entre nuestros beneficiarios no hay enfermos sí que les afecta mucho la situación. Para muchos de estos niños la escuela es el único modo de asegurar tres comidas al día (dos de ellas en el colegio). El confinamiento de los padres es limitado: necesitan encontrar algo de trabajo cada día para comprar la comida de esa jornada. Estamos ayudando a algunas familias que necesitaban lo más básico. También hacemos un seguimiento de los antiguos niños de Kwetu que tenemos en internados para asegurar que no vuelven a la calle.
En este periodo nos han pedido ayuda desde un colegio en Éldoret, la tercera ciudad del país. Lo llevan las mismas monjas que dirigen Kwetu Home of Peace, y atienden a niños muy necesitados. Nos hablan de 27 alumnos. Con ellos llegaríamos a 330 beneficiarios directos en becas de educación: ¡no damos a basto! Pero también es un reto apasionante para el que continuamos necesitando vuestra ayuda (tanto con aportaciones como compartiendo Karibu Sana con amigos).
Como gran proyecto de construcción, estamos estudiando la ampliación de un dispensario médico en Kwetu Home of Peace. Con eso se conseguiría atender médicamente a una amplia población rural a la vez que se asegurarían ingresos en esta iniciativa dedicada a rescatar niños de la calle. Ya tienen un dispensario, pero doblaríamos su tamaño y añadiríamos un departamento para atender a embarazadas y recién nacidos. en esto queremos emplear lo obtenido en una de esas convocatorias de empresas. Iré aumentando la información.
Me consta que la crisis que afrontamos tras el Covid 19 va a ser dura, pero también que la generosidad en tiempos de necesidad es más importante que nunca. recordad también que las donaciones tienen una gran desgravación:el 80% de los primeros 150€, y el 35% de los demás. Con poco, de verdad, puedes hacer mucho. Cada uno de esos niños y niñas lo merece, y nosotros aprendemos también mucho cuando damos.
El cumpleaños de Cassandra
Termino con un ejemplo: el cumpleaños de Cassandra. Ella pidió como regalo dinero para Karibu Sana. Recaudó más de 400€. Este año, en el que todavía no hemos tenido Primeras Comuniones donadas a Karibu Sana, actos como el de Cassi nos llenan de ilusión y de esperanza.
¿Te imaginas cambiando el mundo porque cambias a fondo una vida? Eso es Karibu Sana.
Mathare es uno de los múltiples slums (barrios de chabolas) de Nairobi. Situado en el este de la ciudad, ocupa 4 kilómetros cuadrados y tiene unos 700.000 habitantes. Lógicamente, las condiciones de vida allí son de poco más que de supervivencia: congestión, paro, crimen, prostitución, etc.
Siguiendo las consecuencias del tribalismo keniano, las distintas tribus (kikuyu, luo, luya…) apenas se mezclan entre ellas. Se carece de agua corriente, de carreteras que permitan servicios de emergencia (bomberos, ambulancias). Como en otros slums, las viviendas se construyen con barro, madera y metal.
El dédalo de callejas en Mathare
EducÁfrica
Aquí empezó a trabajar EducÁfrica, una ONG chilena que busca brindar oportunidades a niños que viven en situación de extrema vulnerabilidad en el continente africano, a través del apadrinamiento integral de proyectos educativos. Han trabajado durante cinco años en Mathare, haciendo lo mismo que Karibu Sana: identificando a niños en una situación extrema de vulnerabilidad y financiando su educación.
En estos momentos atienden a 44 alumnos (y alumnas) de Secundaria. Cada uno de ellos necesita 25.000 chelines kenianos para pagar su matrícula, es decir, unos 220 euros por todo un año de escolaridad (clases, comida, seguridad, educación…). Atienden también a 60 niños y niñas de Primaria. La matrícula de estos (niños entre 6 y 14 años) es de 13.500 chelines kenianos al año, es decir, 120 euros anuales (¡10 euros mensuales!).
104 alumnos más
El coste total de la atención a los 104 alumnos asciende a 9.680 euros los alumnos de secundaria y 7.200 euros los de primaria. Los dos grupos juntos, 16.880 euros anuales.
EducAfrica, como Karibu Sana, cuenta como socio local (la entidad que controla que el gasto se hace correctamente, y que los niños van a la escuela y se benefician de la ayuda) con el departamento de Cooperación Social de Strathmore University. La gestión es eficaz y transparente.
Pero hay un problema: Chile, país en el que está EducAfrica, está pasando por una fuerte crisis social, y las donaciones para este proyecto han bajado mucho. Han conseguido pagar el primer trimestre de este curso (enero–marzo), pero son conscientes de las grandes dificultades que tienen para poder seguir pagando esas matrículas. Desde Strathmore han compartido esta inquietud con Karibu Sana. Y vemos muy claro que, en la medida de los posible, ninguno de estos alumnos debería quedarse sin escuela (en Mathare solo hay tres colegios nacionales o públicos para unos 70.000 estudiantes; si no se paga el colegio al que asisten, sencillamente se les deja en la calle. Y la calle, en un slum, no es una opción para un menor de edad).
Mapa de los slums de Nairobi
Posibles donantes
Total, que hemos empezado a movernos para buscar apoyo a este nuevo proyecto que se une a los 200 niños y niñas a los que atendemos en la actualidad. Y, de nuevo, las oportunidades han ido apareciendo:
Hace dos días nos llamaron desde una plataforma de ayudas al desarrollo. Una firma de abogados se había dirigido a ellos en busca de un proyecto de ayuda relacionado con la educación, y ellos pensaron en Karibu Sana. Podrían aportar entre 3.000 y 5.000 euros;
Ayer mismo un gran amigo me contaba que le habían ido bien las cosas con una venta, y que sentía la necesidad de ayudar más a los necesitados. Él y su familia ya son miembros activos de Karibu Sana, pero pensaba que este proyecto de Mathare (que le contaba yo mientras comíamos) sería perfecto para aumentar su colaboración, y hablaba de otros 5.000 euros;
Por otro lado, los nuevos socios promotores de Karibu Sana (Miguel Camarena Salud y el Instituto Europeo de Psicología Positiva) están atrayendo a nuevos donantes que harán posible que estos niños, y tantos otros, sigan adelante con su educación, a pesar de las dificultades, a pesar de los problemas.